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Las habitualmente tranquilas aguas del negocio y de la industria de los webmasters en Internet en España están revueltas:  las corrientes sacan del fondo rencillas, antiguos encontronazos y se renuevan alianzas. Tiempos de cambio, tiempos difíciles para muchos, tiempos interesantes. Las varias tandas de denuncias de la asociación de productoras de contenido para adultos APEOGA contra los webmasters independientes españoles ha caído como un jarro de agua fría: un recordatorio de la obligatoriedad de la ley, y un "acto a la desesperada" por parte de aquellos que ven a Internet como la culpable de la muerte de un modelo de negocio anclado al DVD, condenado al cambio, arrastrado por las nuevas tecnologías. 


El recurrir a una batalla legal desde las productoras contra los webmasters, nunca fue, nunca es y nunca será una solución válida. Los webmasters son los nuevos gestores profesionales de contenidos en un mundo que es nuestro, donde lo digital lo es todo: fuente de ingresos, base de la nueva distribución. Es un suicidio atacar a quién te puede dar de comer y quién puede conseguir tus clientes, presentes y futuros. Ése es un error que Apeoga puede pagar caro al haber recurrido a la denuncia fácil antes que al diálogo. Nuestros usuarios han cambiado: los nuestros y los suyos, que aun siendo los mismos son diferentes. No estamos en los felices años del VHS o en el algo más de un lustro del productivo reinado del DVD: esos acabaron y están muertos, no volverán por mucho que le recemos a San Google, el omnipotente. Estamos en los compartidos años de los "tube", los vídeos en streaming, las descargas y las redes sociales, los sistemas de dating, flickr y google  street view. 


Días de wikipedia y Facebook, de Tuenti y Myspace. Días de sexo amateur, de cortinas y webcams en dormitorios privados, lejos del glamour profesional. No podemos detener la ola: nadie puede. Hoy, el tsunami se apellida tube, y puede haber destruido modelos de negocio establecidos, tanto entre las productoras como entre los webmasters. No somos rocas, esperando que la ola llegue y nos golpee: si lo fuéramos no seríamos lo que somos, ni estaríamos donde estamos: somos flexibles, somos agua, formamos parte de la corriente y tenemos la obligación de estar en constante evolución, de cabalgar la ola, ya que es esa nuestra ventaja competitiva. Permitirme que os recuerde lo que hemos hecho nosotros, los webmasters, por Internet: nuestra industria ha ayudado en el desarrollo de Internet con la popularización o creación de nuevas tecnologías, entre las que pueden contarse el streaming de audio y vídeo, la geolocalización, los distintos sistemas de pago o la validación de usuarios frente a software automatizado. Hemos sido pioneros, nativos digitales cuando ni siquiera existía el concepto. Hemos creado comunidades, como Putalocura de Torbe o Yonkis, gente fiel que nos visita día a día, que aprueba nuestras mejoras y critica nuestros errores. Somos, ante todo, gestores de contenido digital: hemos mirado hacia las productoras españolas como proveedoras, pero no son las únicas en un mundo interconectado. Contenido norteamericano, frances, ingles, checo, ruso... llenan nuestras paginas. Todo está en venta, y todo es vendible: sabemos mejor que nadie qué les gusta a nuestros usuarios. Años de trabajo nos avalan. Años de fotos, videos, galerias, de mails y peticiones, que nos dan una visión más realista de la que algunas productoras tienen. Años de cambios tecnologicos, de avances, de cambios de rumbo y de modos de pensar. Las cosas han cambiado mucho desde que empecé en esto de Internet: estamos más regulados, y el desconocimiento de las leyes nos produce cierto desconcierto y temor. Por la naturaleza de nuestra profesión, el tejido industrial del webmasters es atípico: microempresas familiares, despachos en dormitorios, tal como empecé yo ya hace más de 12 años. 


Entiendo su preocupación: en el cumplimiento de la ley ponemos al alcance de cualquiera nuestros datos personales, nuestro domicilio o nuestro teléfono. Pero hay otros modos, igualmente legales, para hacerlo: la existencia de centros de negocio, por ejemplo, es uno de ellos. Igual que alojamos nuestras webs en nuestros hosting, podemos alojar nuestras empresas en centros especializados. Encontrar soluciones que nos satisfagan a todos depende del dialogo, primero, y de la unidad, después. No ha habido dialogo en el caso de APEOGA, pero.. en el caso de que ellos hubieran querido dialogar, con quien lo hubieran hecho?  hablando con los webmasters uno por uno? intentar consensuar soluciones con 40, 50 o 60 webmasters diferentes? En el fondo de la polémica anida el miedo: miedo a perder los modelos de negocios establecidos, miedo a perder una forma de vida, y el miedo a perder nuestro lugar en Internet. Amenazados por el olvido, nosotros, webmasters con millones de IPs únicas y años de experiencia, corremos el peligro de quedar atrás en la carrera donde lo llamado 2.0 es una etiqueta, un tag, para denominar un cambio de consumo de los contenidos de los usuarios.


La poca resonancia de esta polemica fuera de los circulos cerrados y privados de las personas afectadas es un claro ejemplo de lo que os comento: pensarán que nos lo merecemos, por nuestros pecados.

Tag(s) : apeoga, asociacion, cambios modelo negocio, dating, descargas, digital, distribuidoras, DVD, El cambio de modelo económicos, Está pasando