Hace algunos días que conocí la noticia de la presentación del libro “Diario de Jesús Neira. El hombre que dijo basta” en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Escrito por Javier Esteban durante 73 días que pasó con el profesor Neira y su esposa Isabel Cepeda en el hospital, donde Jesús luchaba por su vida tras la paliza sufrida el 2 de agosto del verano pasado.
Recuerdo el día que conocí el suceso, que fue bastante después de que ocurrieran los hechos. Me enteré ante las apariciones en televisión de Violeta Santander, la chica maltratada por su pareja y defendida por el profesor Neira. Me resultó altamente escandaloso el modo de tratar un caso tan serio con el que además en teoría nuestra sociedad se encuentra sensibilizada. No me resultó correcto el modo de reflexionar sobre un suceso por el que había una persona gravemente herida.
Los medios de comunicación durante meses tuvieron una manera muy poco sensible y cuidada de tratar este acto despreciable. Los formatos de ciertos programas permitieron banalizar un problema tan grave como es la violencia doméstica. Afortunadamente Neira ha logrado sobrevivir a la paliza que recibió y actualmente aunque convaleciente ,se encuentra fuera de peligro. Para expresar sus emociones tras lo sucedido y hacer oír su voz, ha optado por hacerlo a través de este libro.
La televisión de entre todos los medios tiene el poder de convertir en un circo cualquier asunto, por tragico y doloroso que resulte. De manera que hasta acciones buenas como ésta que eligió Jesús Neira, acaban siendo criticadas por considerarse una oportunidad con la que llegar a personaje mediático, y enriquecerse a costa de seguir tratando como no se debe la violencia y la agresividad en nuestra sociedad.
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Totalmente de acuerdo, un hombre que casi da la vida por defender una mujer, y el circo que montaron a su alredor, me recuerda al que montaran cuando falleceria Antonio Puerta en aquel fatídico partido de futbol hace más de año y medio
Creo que Neira hizo lo que debía y que se le debe reconocer, pero todo esto ha tomado un aire siniestro de barraca de feria en el que, desgraciadamente, el propio Neira ha acabado por entrar.
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