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Anoche tenia lugar la final de Gran Hermano, conociéndose al ganador de esta edición que ha brillado por sus polémicas. Han sido más de cuatro meses de enfrentamientos y reproches cruzados entre la mayoría de los concursantes y el ganador de la edición. Cosechar tantos enemigos dentro de la casa ha provocado que Iván estuviese nominado en multitud de ocasiones, siendo salvado en todas por el público.

Es curioso el fenómeno que se ha producido. Parece que las sensaciones que compartían sus compañeros de morada no eran las mismas que transmitía a los telespectadores. Desde luego la actitud de este ha sido clara, directa, sin temer decir como es, sin miedo, bajo mi punto de vista es con esta transparencia con la que ha ganado el apoyo del público.

Observar algunas de las situaciones que se producen en un grupo de desconocidos que se ven forzados a convivir durante cuatro meses, es todo un experimento. No todos estaríamos dispuestos a concursar, ni por los 300.000 euros de premio. Sin embargo hemos de reconocer que algunos de los roles y reacciones que se ven en los concursantes son de los más humanos, que todos y todas hemos podido experimentar u observar fuera del programa. Los celos, la avaricia, el inconformismo, la ira, el amor, la alegría, la diversión, la traición, la amistad... existen en nuestro día a día.

Es cierto que algunos de ellos se rebelan en la casa con tanta claridad que producen rechazo. Y no sólo dentro de la casa, hay desavenencias que han traspasado las paredes de la vivienda y se han trasladado hasta el mismo plató, donde Mercedes Milá ha tenido un duro trabajo que realizar. No voy a defender algunas de las actitudes que han tenido ciertos concursantes, ni los comentarios, insultos y cortes de manga, creo en el valor y la utilidad de las palabras, que no sean insultos y difamaciones. Pero si voy a denunciar la hipocresía que a veces nos atrapa, y me meto dentro.

No vale encandalizarse porque entre dos personas que no tienen nada que ver y que se ven forzados a convivir, salten chispas y acaben en insultos. Cuando estudiando un poquito de historia o simplemente viendo la televisión, el ser humano demuestra que el respeto es una palabra hermosa que a todos nos gusta escuchar pero a pocos ejercer. Gran Hermano no sólo es un programa de entretenimiento, es un espacio televisivo que con una perspectiva adecuada te hace aprender como quieres y no quieres ser. En un mundo tan rápido como este, cualquier pretexto es bueno para analizarnos durante veinte minutos y ser críticos con lo que nos desagrada.

Felicito a Iván por su victoria y al programa por continuar en su décima edición con una audiencia envidiable. Puede que haya un Gran Hermano 11 y seguramente yo cada vez que tenga un hueco, me siente a verlo.

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