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Para no perder tu puesto de trabajo por culpa de acciones en redes sociales, existen hasta tres consejos básicos. Uno, mantén tu privacidad en redes sociales al máximo. Dos, no subas aquello que te pueda comprometer. Tres, nunca aceptes a tu jefe. Cuando los dos primeros fallan y la tercera barrera desparece por cortesía (“buen rollo” en el trabajo), las medidas a emprender se amplían.

Estoy comenzando a acostumbrarme a la lectura de noticias tipo “Pierde su trabajo por criticar la empresa en Facebook” o “Despedido por publicar una foto en Twitter”. Lo cierto es que estas situaciones se están empezando a volver comunes porque el trabajador no tiene conocimientos plenos de la potencia y peligros de una red social.

¿Por qué se producen estos casos? Por un lado, porque una clara falta de formación en el uso de las redes sociales en la persona afectada. No se está educando en el buen uso de las redes sociales ni en las escuelas, ni en las universidades ni en el trabajo. La formación es nula. La primera experiencia que un usuario tiene con Facebook es por aprendizaje propio y muchas veces sin pensar en los posibles riesgos.

Esta falta de formación hace que pocos internautas sepan de verdad el potencial que tiene una publicación en una red social. Incluso personalidades de primer nivel, que se presuponen conocedoras del medio, cometen errores que levantan polémicas y dañan la imagen personal. Casos que llegan a ser Trending Topic en Twitter no faltan.

Un malentendido pueril como éste no supone nada más allá del chascarrillo, pero otras personalidades y anónimos se han visto afectados por publicaciones indebidas en Foursquare (“¿Qué hacías ahí a esa hora?”), en Twitter (“¿Por qué opinas esto?” y fotografías en Facebook.

Privacidad, privacidad y privacidad. Ésta es la única fórmula para evitar las nocivas consecuencias que tiene un perfil abierto al público de cara a posibles problemas profesionales. Controla quién ve lo que publicas y se acabó el problema. Marca tu perfil como privado, retíralo incluso de los buscadores. Cualquiera de estas dos medidas es posible.

Pero si lo que buscas es mantener tu identidad digital operativa a la vez que controlas tu privacidad, lo mejor que puedes hacer es regular la privacidad estableciendo grupos de contactos que pueden acceder a tus contenidos en función de tu cercanía y confianza. Subir álbumes y asócialos a contactos concretos es más que recomendable.

Sí, se trata de un proceso más o menos complejo, que requiere algo más de tiempo que una mera subida de una fotografía, pero a la larga compensa. Controlar la privacidad de las fotografías, de las publicaciones, de quién y quién no puede comentar, visionar el muro etc. es la solución más trabajosa pero a la par más efectiva para evitar problemas.

Mantener nuestra identidad digital cuidada y solo al alcance de quienes queremos es fundamental para evitar consecuencias no deseadas. Las redes sociales pueden ser herramientas útiles para que los responsables de Recursos Humanos no contraten a un candidato.

Buscar un nombre en Google es algo cotidiano para muchos directores de recursos humanos, es asegurarse en su trabajo. Adentrarse en demasía en un perfil es otra cuestión bien distinta. Y basta entrar en el conocido buscador para localizar de un vistazo el perfil de un candidato en Facebook, Twitter, Linkedin, Foursquare, etc. Cuida tu casa digital como lo harías con la real.

Tag(s) : trabajo, rrhh, redes, sociales, selección, laboral, recursos, humanos, empleo, privacidad