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Guerras y refriegas en el mercado de los e-book
Lo digo claro, quiero un e-book (otra cosa es que no me decido desde hace tiempo ni me convence 100% ningún dispositivo de los que hay en el mercado). Es la moda del momento. Apple con el iPad (tengo muchas ganas de dejarme seducir por la manzana en este caso o al menos probarlo y tenerlo entre mis manos) se está adentrando en este terreno defendido con uñas y dientes por el Kindle de Amazon (vi uno hace poco en manos de un amigo barcelonés y me dejó insatisfecho que la versión española tenga menos conectividad que la americana) mientras que otras firmas tecnológicas apuestan por la comercialización de lectores con diferentes características. Las editoriales, parte interesada en esta mudanza digital, también se están integrando en este sistema de adaptación a los nuevos tiempos, cómo tarden mucho en apostar por lo digital las editoriales se encontrarán con unos usuarios que se habrán acostumbrado a conseguir sus propios pdf por p2p y similares).
Mientras que Google se plantea su propio tablet, Microsoft, temerosa tanto del gigante buscador como del iPad de Apple, firma un interesante acuerdo con la Biblioteca Británica para financiar la digitalización de 65.000 libros. Así, autores clásicos de primer nivel como Charles Dickens o Thomas Hardy darán el salto al formato digital, contenido a disposición de los usuarios para muchos ratos de lectura.
Pero la digitalización de libros bajo patrocinio, algo muy interesante para los usuarios, no es el principal problema al que se enfrenta la creciente industria de los e-books. Los precios a los que se venden los e-books, o mejor dicho, la libertad para que las editoriales pongan el precio que deseen a los mismos, está causando problemas a Amazon, que está siendo presionada a través de un lobby formado por diferentes editoriales. La libertad comercial que brinda Apple con su nuevo sistema de distribución es la principal causante de estas desavenencias.
Las editoriales quieren libertad de precios y de mercado en las plataformas de Internet, tal y como sucede en el plano real, y Amazon impone, según parece, unos límites máximos a la hora de establecer el precio y el tiempo de permanencia de un e-book en su plataforma de venta, donde hoy ya se venden más libros digitales que físicos. Apple se ha cargado estos filtros de golpe y porrazo con el sistema de distribución de libros para el iPad, actuación que como es evidente ha atraído a muchos editores por sus claras ventajas en el mercado competitivo.
Pero en el lado de los editores también hay quien ve con recelo el precio al que se venden los libros electrónicos en plataformas como Amazon. Rupert Murdoch de News Corporation, que tiene intereses en el sector editorial a través de Harper Collins Publisher, ha vuelto a abrir la boca para lanzar sus órdagos habituales. Así, el empresario de la comunicación cree que establecer precios tan reducidos solo sirve para devaluar el producto e incrementar la venta de más lectores electrónicos. En resumidas cuentas, que esta política solo reporta beneficios a los fabricantes del hardware, hay guerra para rato, donde Apple suele siempre llevarse el gato al agua revolucionando mercados.
Unos no se ponen de acuerdo en el precio de venta de los e-books, otros desean sistemas menos restrictivos a la hora de fijar el valor comercial de estas piezas de cultura digitales y otros ven el principal problema en el beneficio que obtienen las productoras del hardware. Nadie se pone de acuerdo y todos firman con todos para más tarde echarse atrás. Aquí queda todavía mucho debate porque aunque los e-books son un producto cultural y con grandes aplicaciones en el aprendizaje, Don Dinero es el único que manda.
El iTunes de la revistas
Los medios de comunicación están atravesando un proceso de cambio, de adaptación a nuevas corrientes y tendencias, con unos lectores cada vez más polifacéticos y exigentes. Aunque el papel, la televisión y la radio continúan siendo los formatos masivos, lo cierto es que Internet, por fortuna, está ganando cada vez más importancia, la plena presencia de la sociedad de la información está cada vez más cerca. Días atrás comentaba las nuevas acciones de Vocento en la red y justo esta semana nos sorprendía de la creación de un “quiosco digital” fletado por un grupo de revistas estadounidenses.
El consorcio está formado por grupos como Condé Nast, Hearst o Meredith e incluye publicaciones como The New Yorker, Sports Illustrated, Time o Esquire. Este ya bautizado como “iTunes de las revistas” ofrecerá a través de una plataforma digital un extenso catálogo de medios de comunicación previo pago en diversos formatos. Todo lleva a pensar que se trata de una iniciativa adaptada a la moda de los e-books, aunque la apuesta también está ligada a otros dispositivos como los teléfonos móviles.
Algunos de estos grupos ya han apostado por la distribución de sus publicaciones en otros canales digitales como Amazon o iTunes. Habrá que esperar la reacción de los grupos europeos de comunicación para conocer si se lanzan también a la aventura innovadora. John Squires de Time Inc. se encargará de definir el mapa de actuación de esta plataforma de distribución de revistas en formato digital.
Lo cierto es que algunos ya se atreven a aventurar que esta plataforma seguirá los pasos de Hulu, televisión digital participada por las principales productoras y cadenas de EE UU (Fox, NBC, ABC) que ofrece productos audiovisuales gratis mediante streaming. Y el sistema ha funcionado en Norteamérica, único lugar donde emite actualmente, ya que actúa como concentrador de contenidos de calidad y los pone en bandeja a los consumidores.
Un quiosco digital, con revistas de primer nivel que cuentan con miles de lectores en el terreno físico, y que se adaptan a los nuevos formatos digitales en forma de consorcio. Sin duda, se trata de una estrategia loable, que agradecerán aquellos lectores ya adaptados al medio online y sobre todo un apoyo excelente para el mercado creciente de libros electrónicos.
Más en la red.
Japón, el país de la lectura apuesta por el formato virtual
Japón, gran potencia económica, es un país donde parece no existir problemas con la lectura. Cada año se editan 70.000 nuevos títulos que tienen una estupenda acogida en el mercado. Los japoneses no sólo son apasionados lectores de manga en los trayectos cortos sino también aficionados a las novelas de bolsillo. En la última Feria del Libro celebrada en Tokia esta semana, se ha confirmado la solidez de un mercado que también ha sufrido las consecuencias de la crisis. Lejos de disminuir el número de expositores cada año son más los que se presentan, como ocho editoriales españolas que no han querido perderse el acontecimiento.
El formato digital también ha irrumpido con fuerza en Japón, y muchos lectores empedernidos han decidido pasarse a la pantalla de los ebook (yo pronto espero tener uno en mis manos). Otro fenómeno que se ha extendido entre los lectores es leer a través del teléfono móvil. La novela para el móvil ha sido bautizada con el nombre "ketai shosetsu" y supone una potente fuente de ingresos para las empresas que se han especializado en este servicio. El nuevo genero encaja con el modelo de novela corta en el cual se han especializado ciertos autores noveles, aunque los clásicos también se están apuntando al nuevo formato.
La venta de libros de segunda mano es otra rentable actividad en Japón, donde empresas como Bookoff han llegado a cotizar en bolsa. Al parecer el éxito de este negocio reside en la cantidad de libros viejos que se encuentran en el país y al reducido precio que tienen. Los expertos del sector aseguran que aunque los japoneses seguirán leyendo al mismo ritmo que lo han hecho hasta ahora, la preferencia por le soporte digital va a marcar un antes y un después.
http://www.telecinco.es/informativos/cultura/noticia/991723/991723
Más en la red:
- www.kirainet.com un Geek en Japón.
- http://stnyusu.com Homenaje al "dios del manga".
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