Emilio Márquez

redes sociales

9 cosas que nunca deberías hacer en Twitter

18 Mayo 2011 , Escrito por Enrique Etiquetado en #Comunicación y medios, #consejos, #errores comunes en twitter, #microblogging, #recomendaciones profesionales, #Redes sociales, #social media, #Social Media, #twitter

Utilizo Twitter cada vez más, ya es mi segunda herramienta social que más uso por detrás del uso profesional que hago de LinkedIn. Estoy conectado a las redes sociales prácticamente todo el día –salvo cuando duermo, claro está– porque considero que me benefician como profesional del networking, emprendedor y persona.

Toca repasar algunos errores comunes en Twitter. Y es que la red social de microblogging también es muy dada a incentivar situaciones poco recomendables si se aspira a tener una identidad digital óptima.
  1. Nunca actúes cómo un spammer ni sigas a spammers. Ciertos usuarios de la red social pueden considerarse spammers porque se limitan a colgar links, realizar comentarios inoportunos o potenciar su egosurffing. Si detectas alguno de éstos, aléjate.
  2. En caso de que te siga, hable o cite alguien que no te gusta, lo recomendable es actuar de manera cortés, con educación. Siempre quedará la posibilidad de bloquear al usuario en cuestión.
  3. No controlar la lista de followers / follows es un grave error. Conviene que cada cierto tiempo (una vez al mes) analicemos quién nos siga y a quién seguimos. “Controlar” y mejorar tu lista de contactos será beneficioso.
  4. Twitter es una herramienta más de información, no tu casa. Cuida el tono de tu lenguaje y las expresiones, cualquier comentario poco idóneo puede llegar a los buscadores, ser captado por otros usuarios, etc., y perjudicar tu imagen… … Cuidado con lo que publicas. Ojo con las fotos personales que subes, sobre todo si usas Twitter en formato híbrido (cuenta personal y profesional unificadas) no tuitees / subas nada que sea sensible. Los resultados pueden ser catastróficos a poco que seas una “persona pública” en tu entorno. Que tu jefe nunca te dé caza...
  5. Nunca uses Twitter para lanzar indirectas. Es lo que llamo la “épica de las redes sociales”. El ego se siente mejor cuando dice algo en estos terrenos 2.0 y lo cierto es que su repercusión es por lo general mínima. Seamos mayorcitos y digamos las cosas cara a cara: que no se pierda el networking offline.
  6. Cuídate muy mucho de participar en polémicas. La elegancia es la clave. Si cuando estás en la calle evitas enfrascarte en polémicas que no te vienen, haz lo mismo en Twitter.
  7. Las listas pueden ser herramientas muy útiles, pero hay que usarlas sabiamente. Piénsatelo dos veces antes de suscribirte a una lista para evitar que tu TL se llene de comentarios poco útiles. Basta mirar la temática de la lista y conocer a algunos de los suscriptores para calcular lo que nos aportará.
  8. Unifica criterios. Si la cuenta que utilizas en Twitter es colectiva (social media de marcas, por ejemplo), es obligatorio que todos los trabajadores que se conecten a ella sepan las normas de estilo básicas, qué se puede decir, qué temas obviar, cómo responder a los consumidores, etc. Esto se aprecia especialmente cuando se produce alguna situación de crisis. Una respuesta inapropiada resalta más que mil correctas.
  9. Por último, pero no menos importante, cuestiónate: ¿para qué quiero Twitter? Si entre las respuestas encuentras alguna utilidad lógica (ya sea personal o profesional), entonces y solo entonces comprométete a mantener tu cuenta viva. En la Web 2.0 la actividad y la participación son básicas. Una cuenta “muerta” huele a leguas y da muy mala imagen. Si empiezas a usar Twitter cómo parte de tu identidad digital, no lo dejes morir sin uso.
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Cuando no todo vale en comercio electrónico

28 Abril 2011 , Escrito por Enrique Etiquetado en #comercio electronico, #Desayuno de trabajo, #ecomerce, #facebook, #Redes sociales, #sem, #seo, #sociam media, #tiendas online

A la hora de vender productos por Internet... ¿Todo vale? ¿Puede cualquier tienda electrónica tener éxito siguiendo unos patrones estándar? Lo cierto es que no. Cuando trabajamos en el comercio electrónico debemos tener en cuenta numerosos factores que contribuirán a nuestro éxito o fracaso. Porque en esto del e-commerce no todo se reduce a instalar una tienda online de software libre...

Lo he dicho muchas veces y lo pude comprobar en el Desayuno de Trabajo de Comercio Electrónico: sin planificación no se va a ninguna parte. Lo primero a tener en cuenta es si nuestro negocio necesita realmente la venta electrónica. Pensar que todo se puede vender por Internet es un error: nuestra tienda offline no tiene por qué necesitar una edición online en todos los casos.

La prueba del algodón para responder a esta primera criba es comprobar dónde se encuentra instalado nuestro público objetivo. Si vendemos por ejemplo piezas para maquetas de aviones y barcos, sabemos que nuestros clientes por su perfil (coleccionista, especializado, apasionado, colaborativo, etc.) buscará activamente por Internet aquello que necesite. Es por ello que nuestro nicho de mercado puede ser especialmente rentable.

Sin embargo, si somos una empresa que vende cruceros para la tercera edad, difícilmente vamos a poder dedicarnos en exclusiva a la venta online, salvo que tengamos verdaderos chollos para ofrecer. La penetración de Internet en este colectivo no es elevada todavía, por lo que la venta de estos paquetes turísticos se realiza habitualmente offline. Otra cuestión es que un catálogo de productos en Internet pueda servir para mejorar nuestro posicionamiento de marca, pero no esperemos que el target compre por norma general online.

Otra cuestión no menos importante es qué tecnología vamos a utilizar para montar nuestra tienda electrónica. La tendencia a pensar que el software libre puede salvarnos la vida está completamente equivocada. El software libre para comercio electrónico puede ayudarnos a lanzar una tienda online, pero necesitaremos adaptar siempre la tecnología a nuestras exigencias: pasarelas de pago, perfiles de usuarios, usabilidad, diseño, etc. Nunca es una solución de instalar y listo, siempre habrá que adaptar a cada caso.

Para ganar miles de euros vendiendo por Internet necesitamos invertir otro tanto. Aquí el SEM y el SMO actúan como máximos resortes para promocionar nuestros productos en la red, especialmente el primero, que cuenta con efectividad medible en todo momento por nuestra parte. El SMO actúa adecuadamente, pero depende mucho de la pasión que el consumidor ponga a nuestras acciones, algo no siempre presente en todos los públicos.

Pero ojo: es conveniente que sepamos que con las redes sociales no vamos a vender productos, sino a crear branding de nuestra firma. Nuestra presencia en Facebook nos proporcionará imagen de marca como tienda online, nos ayudará a dar a conocer nuestros productos, pero difícilmente generará ventas directas desde el canal, por el momento, el usuario se tiene que habituar a comprar por redes sociales, esa evangelización del consumidor online está en marcha. Otra cuestión es que un correcto branding en redes sociales sí derive en ventas desde nuestro portal. Con una buena aplicación se pueden conseguir beneficios a medio-largo plazo. Toda buena promoción, siempre suma.

Las ofertas siempre juegan en favor del comerciante, más en portales de venta de cupones de servicios.  Y no me olvido de la atención al cliente, que es sin duda el mayor baluarte que puede tener una tienda electrónica. No habrá nada más efectivo que un cliente contento con el servicio que recomiende nuestra tienda electrónica desde las redes sociales (promoción gratuita y la mar de rentable).  La pregunta es: ¿Cuántos recursos se destinan a este menester? Trataré de descubrirlo en el próximo Desayuno de Trabajo Networking Activo sobre comercio electrónico...

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Sin buen servicio no eres nadie

13 Abril 2011 , Escrito por Enrique Etiquetado en #...sus reflexiones, #Actualidad y medios, #contenidos, #errores en redes sociales, #publicidad, #Publicidad online, #recomendaciones profesionales, #Redes sociales, #social media, #Social Media, #Social Media Marketing

A veces pecamos de ilusos, no conociendo el terreno que pisamos y creemos que la solución está siempre en la opción más cara, dejándonos influir por la última moda en boca de todos. Es lo que sucede de manera común hoy día en el ámbito del social media, donde muchas marcas optan por la compra de espacios publicitarios en redes sociales sin haber establecido una estrategia completa antes de lanzarse. Y esto se transforma en un problema cuando lo que está detrás del anuncio es un contenido enormemente vacío o un servicio de baja calidad como sucede, por desgracia, en la mayoría de los casos.

El Social Media Marketing sólo es conveniente cuando el servicio o producto sean de alta calidad.

El usuario va a acudir a tu producto y lo va a viralizar y recomendar sólo si lo que ofreces merece realmente la pena. Fin. No hay más vuelta de hoja en este misterio. La apuesta por publicidad vacía de contenido no va absolutamente a ninguna parte. ¿Qúé sucede cuando el consumidor descubre que tras un mensaje publicitario no se encuentra nada? Pues que la repercusión sobre la marca es altamente negativa. La creación de expectativas es apropiada cuando tras éstas existe un resorte físico y real que interesa a nuestro consumidor.

Si no existe este contenido de calidad que aporte un valor añadido, estamos vendiendo humo, y conozco casos donde al usuario no le ha gustado nada fumarse un mensaje promocional vacío. Es más, la primera consecuencia negativa que puede tener es que el consumidor nos odie públicamente y lo traslade en forma de crítica al exterior con la consabida pérdida de reputación. Y esto en Internet se convierte en una actuación muy peligrosa por la fuerte viralidad que adquieren los mensajes negativos en plataformas como Facebook, Twitter o Youtube.

Porque vender un producto vacío es factible con el marketing tradicional, pero hacerlo en Internet y con su público (heavy user de foros, comunidades, etc.) es bastante complicado por no decir imposible. Sólo hay que ver cómo los foros más especializados captan las campañas virales al vuelo, las desvelan y ponen en entredicho el trabajo realizado por las mentes que han gestado la acción promocional. Además, estas comunidades son bastante reticentes a este tipo de acciones comerciales, más si detrás de la campaña se encuentra una marca que ya ha tenido roces con Internet.

Me vale un ejemplo claro. Cuando realizamos una búsqueda en Google y éste nos devuelve los resultados, puede darse la situación de que pinchemos sobre una web que teóricamente iba a ofrecernos lo que buscábamos por su descripción y título, pero que en última instancia solo es una granja de enlace vacío, con exceso de palabras claves y un muy buen SEO. ¿Qué tiene esta web? Nada. ¿Qué nos aportar? Nada. ¿Cuál es nuestra reacción? Cerrarla inmediatamente e irritarnos con el sitio por la falta de información, aumentando la tasa de rebote del sitio y por consiguiente penalizando dicha web en futuras revisiones del algoritmo de posicionamiento de la página web, será penalizada por Google si los usuarios no quedan satisfechos.

Si clickamos sobre una campaña de publicidad en Facebook, y ésta nos lleva a un espacio donde además de no existir contenido alguno, nos vemos asaltados por técnicas intrusivas, estamos en la misma situación. Exactamente igual sucede la página de nuestra empresa o producto en redes sociales no se actualiza, no interactúa con los consumidores, no aporta contenidos más allá del mero mensaje comercial, etc. En social media, cualquier acción original y diversa (concursos, pulsos de opinión, ofertas especiales, etc.) es buena para captar la atención del público objetivo.

Necesitamos contenidos y servicios de calidad para captar al público. En redes sociales no todo vale gracias a que el consumidor es activo, conoce las leyes de Internet y es bastante agresivo cuando se lo propone. Hace diez años cuando tras un anuncio de televisión no se encontraba un producto de calidad el usuario se daba cuenta (no era tonto), pero no tenía las herramientas masivas para dar a conocer su opinión. Las reglas del juego han cambiado por suerte.

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